Hay diferentes escuelas, tradiciones y técnicas de meditación pero todas suponen un ejercicio activo de búsqueda e indagación hacia el interior en busca de tranquilidad, bienestar o identidad. Se entiende que es una exploración de rincones y facetas de nosotros que en el transcurso de nuestro día a día no podemos alcanzar. Y, sea lo que sea lo que busquemos, implica en primer término venirnos cara a cara con nosotros mismos.

Practicarla no requiere ninguna habilidad especial, mucho menos una concentración especial. Este es uno de los malentendidos más generalizados. No necesitamos una mente en calma, que se esté quieta. Todo eso no es pre-requisito sino, en todo caso, resultado. Y tampoco necesariamente. Quizás, no queremos que nuestra mente se esté quieta, sino simplemente ser capaces de convivir con ella, aceptándonos tal y como somos.

Si ya lo has intentado, seguramente habrás visto que no es nada fácil, mil y una trabas pueden surgir en apenas unos minutos de práctica. Es por eso que desde hace miles de años estas técnicas vienen sobre todo transmitiéndose de persona a persona, alguien con experiencia que conozca los obstáculos y nos ahorre tiempo y esfuerzo, ayudándonos a sortearlos.

Aún así, no te engañes, la parte más importante del trabajo te pertenecerá siempre a ti. El 90% del trabajo es dar el primer paso y comprometerse a intentarlo. El resto vendrá solo.