Normalmente, para aquellos de vosotros que queréis comenzar la práctica por vuestra cuenta, os resumo en tres puntos lo que considero básico para no enredarse

Postura

Gautama Buda decía que se puede meditar tumbado, sentado, de pie o andando. Lo esencial es que mantengamos una postura cómoda y no lesiva, en la cual podamos desarrollar nuestra práctica interior. De nada sirve sentarse con las piernas cruzadas si el dolor o la incomodidad acaparan toda nuestra atención.

Daito, el primer maestro japonés de la escuela Rinzai, que solamente en su lecho de muerte fue capaz de adoptar la posición del loto. O el primer maestro Zen en enseñar en Estados Unidos, que obligaba a sus alumnos a sentarse en sillas.

En la tradición yóguica, por ejemplo, lo único que dicen los Yoga Sutras de Patanjali es que la postura tiene que ser estable y cómoda.

Lo que más tienes que tener en cuenta es que tu espalda esté recta y tu cuello en línea con tu espalda. Que tus rodillas estén por debajo de tu cintura y que tus ojos estén relajados.

Aquí tienes un video en el que explico cómo sentarse.

Foco

Una vez que te has sentado es importante que elijas un foco que sirva de anclaje a tu mente para que no se pierda en lo que los psicólogos llaman el estado por defecto y en la tradición budista se conoce como la mente del mono. Este anclaje evitará que nos perdamos en las olas del pensamiento como una botella a merced de las corrientes.

Tu misma postura puede ser el foco de atención. Tu respiración puede ser el foco de atención. En nuestra escuela, otorgamos especial interés al tándem, un puntito energético que está tres dedos por debajo de tu ombligo y que es el verdadero centro de tu cuerpo.

Mientras que la escuela Soto Zen utiliza normalmente una técnica denominada shinkantaza, que traducimos como ‘simplemente sentarse’, en la escuela Rinzai utilizamos una variedad de técnicas, desde la ‘Mente Innata’ de el maestro Bankei, a los koanes de la tradición china, así como algunas de carácter energético.

Relación con los pensamientos

Cuando te sientes y lleves tu atención al que has elegido llevar el foco de tu atención, tarde o temprano, probablemente en pocos segundos, tu mente se distraerá y se pondrá a pensar, planear, recordar, imaginar… Es absolutamente natural. No puedes evitar que esto pase, pero sí que puedes elegir como responder a estas distracciones.

Ni entregarse al divagar ni bloquearlas totalmente. La clave está en aceptarlas por lo que son. Sin etiquetarlas. Sin sacar conclusiones. Simplemente aceptarlas como parte natural del proceso y continuar investigando.

Cada vez que te das cuenta de que no estás prestando atención al que has elegido como foco, te das cuenta de qué pensamiento te ha arrastrado y distraído. Cada vez que vuelves a centrarte en tu foco estás fortaleciendo tu capacidad de concentración.

Si bien sencillo, no es un proceso fácil. Es como hacer equilibrismo sobre una cuerda floja. Es extremadamente simple: un pie delante de otro, pero nada fácil. En todo caso, al contrario que en la metáfora, no hay ningún peligro de caerte.

Ayuda

Durante miles de años estas técnicas se han ido pasando de maestro a alumno en un proceso que conlleva, como todo proceso de aprendizaje, avances y retrocesos. La ayuda de una persona que conozca un poco de qué va la cosa puede ahorrarte muchísimo tiempo y esfuerzo.

Considera pasarte por alguno de nuestros talleres de meditación, o matricularte en alguno de nuestros cursos, si necesitas resolver alguna duda.