Los que nos llamamos budistas establecemos con Buda una relación maestro-discípulo, es decir, que escuchamos atentamente lo que dice, tratamos de entenderlo y, si tiene sentido, lo hacemos nuestro.

Pude decirse que el budismo Zen es un budismo condensado, que conserva lo esencial de las enseñanzas. Por ejemplo, en cierta ocasión le preguntaron a Rinzai (el fundador de nuestra escuela) por qué no se estudiaban las enseñanzas del buda en su templo y él respondió que allí “lo que hacemos es fabricar budas”.

Daizan Roshi, mi profesor, suele decir que el budismo se puede resumir en una sola idea: “saber dejar pasar”. Nuestra práctica – que puede ser tan larga como nuestra vida – no es sino una profundización en esa máxima.

Zen viene del chino Chan, y este del sánscrito Dhyana, que significa meditación. El budismo Zen es, por tanto, una escuela que ha hecho de esta práctica de la meditación el corazón de las enseñanzas.